¿Es realmente tuyo todo lo que tienes?

A menudo, pienso en aquellos consejos que mi padre ha ido dándome a lo largo de la vida y que toman significado cuando se presenta alguna circunstancia nueva a la que debo hacer frente, de la que no hay referencia en mi repositorio personal. Es entonces cuando recuerdo esas conversaciones y acabo preguntándome: .- ¿Qué me diría él en este momento? Qué lástima no haberlos entendido o al menos guardado todos cuando me los regalaba!… y le doy vueltas a la madeja. Después hilo esto con las situaciones cotidianas de la profesión: que si estamos especializados en esto, que si somos polivalentes, proactivos, inteligentes, este es nuestro nicho… acabo siempre en la misma conclusión, somos el resultado de nuestra experiencia… y sigo pensando.

Trato de evitar caer en obviedades, nuestra experiencia es el resultado de lo que hemos ido tomando en nuestra andadura personal interactuando permanentemente con el entorno. Uno de los consejos a los que me refería antes es el que está formado por una única palabra: observa!. Cuando observas, ves, analizas, descubres los matices, aprendes, tomas conclusiones y guardas. Cuando nos dan consejos, a poco que seamos ambiciosos los guardamos, salvo que hagamos bueno el refrán español que reza: “Al español le gusta aprender pero no le gusta que le enseñen”.

Finalmente, con la interactuación diaria de nuestro entorno – compañeros, equipos, jefes, clientes, amigos, pareja….- seguimos en modo de aprendizaje continuo. Estamos permanentemente tomando y guardando sin coste aunque nos enriquecemos. Es entonces cuando me pregunto, ¿es todo lo relativo a nuestra experiencia realmente nuestro? ¿Por qué atesorar sin más? …Y sigo dándole a la madeja.

Esto significa que tenemos una responsabilidad social y que debemos tomar conciencia de ella, debemos revertir riqueza, además de ser parte de ese entorno nuestro, debemos abrirnos para ser parte del entorno de los demás, que estos se enriquezcan cuando “rocen” con nosotros.

Llevemos esto al mundo empresarial. Si se estructuran áreas comerciales con profesionales de marcadas aptitudes en ventas, áreas de RRHH con profesionales sobradamente preparados, y así el resto de las áreas de las organizaciones, ¿por qué no estructurar las empresas con “silos de experiencia”, profesionales cuyo valor añadido es la experiencia que pueden servir de guía para las diferentes capas de la pirámide? Estos “acumuladores” de experiencia estarían dedicados a observar e interactuar,  interiorizar el momento de los otros, procesar esta información junto con su experiencia y entregar, como resultado, sus mejores consejos.

Especialistas en inteligencia emocional, liderazgo, en capacidades comerciales, en gestión de riesgos, en la generación de relaciones duraderas y de confianza, en la gestión de proyectos, de servicios, en la adaptación al mundo laboral de recién titulados…En definitiva, abrir un nuevo marco de actuación interno donde la riqueza acumulada en experiencia impregne al resto de la organización, asumiéndolo como parte fundamental del proceso de negocio.

Ante nuevos conceptos como People (gestión de personas), Finance (gestión económica), Facilities (gestión de las instalaciones) he buscado sinónimos para “experiencia”: Práctica, Costumbre, Hábito, Pericia, Veteranía, Mundología, Maestría, Destreza, y su equivalente en el mundo anglosajón: Practice, Praxis, Habit, Expertise, Proficiency, Veteran, “Savoir vivre” (esta es la que más me gusta, un galicismo para el inglés). Y de todas ellas, elegiría Praxis= gestión de la experiencia.

Oficial u oficiosamente todos deberíamos ejercer en esta nueva área de “PRAXIS” compartiendo, o ¿debería decir “devolviendo”?, algo de nuestra poca o mucha experiencia y que no es otra cosa que compartir parte de los beneficios que estamos cosechando día a día en nuestro entorno. ¿Cuánto estás dispuesto a devolver?

¿Lo profesionalizamos?

Imagen de Flickr de Luisus Rasilvi

 

Pedro López Mora, director de outsourcing de everis. Contacta con Pedro a través de Linkedin

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