De bárbaros, burócratas y cómo reescribir el futuro de las comunicaciones (la tercera revolución)

Un mantra
La primera revolución industrial fue impulsada por la máquina de vapor y el ferrocarril; y la segunda revolución industrial cobró forma cuando la electricidad convergió con el motor de combustión y las fábricas iniciaron la era de la producción masiva.

Dos bárbaros
Un buen día el pintor Samuel Morse escuchó casualmente una conversación sobre electromagnetismo entre pasajeros del barco en el que viajaba. Obviando la originalidad de la conversación en la época (…), sirvió para que el Sr. Morse se obsesionara con el tema. Poco tiempo después, el telégrafo había pasado a ser un instrumento crítico para el desarrollo del ferrocarril.

Años más tarde Antonio Meucci, fabricante de velas, no dejaba de preguntarse cómo atender a su esposa, postrada por un severo reumatismo, desde la oficina. E ideó el teletrófono. Aunque la elección del nombre por parte del Sr. Meucci confirma que no estaba dotado para el marketing, acababa de cambiar la dinámica espacial y temporal de la sociedad para siempre.

Lo cierto es que nunca habría sido posible gestionar la construcción y extensión del ferrocarril sin el telégrafo en la primera revolución. Tampoco habría sido posible no contar con el teléfono en la Segunda, mucho más global que la Primera (abarcaría Europa Occidental, Estados Unidos y Japón).

En definitiva, dos bárbaros, que con arrojo y excelencia hicieron viable sendas revoluciones.

Los burócratas
El siglo XX trajo sorpresas, pero básicamente sirvió para crear un negocio de comunicaciones estructurado y bien equilibrado, capaz de crear más valor que ninguna otra industria en el mundo, combinando a la perfección la coherencia, la seguridad y la expansión del negocio. Fue complejo y diferencial (y digno de elogio), pero no negará el lector que difícilmente sostenible.

Nuevos profetas
Pero llegó el primer decenio del XXI y visionarios que rompen moldes reformularon las reglas del juego. Las apuestas por transformar la cadena de valor se sucedieron vertiginosamente y ya nada volvió a ser igual: tras 125 años la telefonía fija perdió su hegemonía en favor del mundo móvil, mientras nuevos actores evaporaban negocios tan solventes como la propia mensajería móvil – representaba el 15% de la facturación-; apareció Wikipedia y la enciclopedia británica pasó de vender 20.000 volúmenes al año a eliminar su edición impresa, a la vez que tras más de 300 años los ingresos por publicidad en prensa fueron irreversiblemente sobrepasados por ingresos publicitarios en internet; los smartphones cambiaron el flujo de ingresos que nuestro fabricante de velas propició hace más de 150 años, y en paralelo el valor en bolsa de nuevos players y operadores se invertía drásticamente.

Reescribiendo el futuro
Somos conscientes de que estamos ante un negocio disruptivo por naturaleza pero probablemente estamos asistiendo al mayor punto de inflexión desde que escribimos su historia. ¿Tenemos margen real para reescribir el futuro? Siempre.

Pero primero incorporemos algunas hipótesis que hagan la vida más fácil al mercado de las comunicaciones.

Suponga el lector avezado que la regulación empieza a exigir a las empresas OverTheTop de la misma manera que ya lo hace a los operadores (erradiquemos el margen de maniobra que representa una vida en “Beta”). Suponga igualmente que la regulación asegura y protege las inversiones en red permitiendo la discriminación en función del servicio (aceptemos eliminar la neutralidad de la red como animal de compañía). Suponga que la regulación se estandariza a nivel mundial y los operadores pueden replicar sus modelos de modo sencillo e inmediato (disponga el operador del mismo tamaño de mercado que el resto de actores). Y suponga que los sistemas operativos móviles se multiplican (reduzcamos el poder intimidatorio de los actuales líderes).

Aparente escenario de ensueño sobre el que seguir construyendo para muchos actores, cierto.

Despertares
El pasado demuestra que cualquier situación siempre se ha visto sobrepasada por nuevas circunstancias. Las altas rentabilidades basadas en tecnologías fijas se sostuvieron por 30 años, por 15 años en el mundo móvil, y sólo por 6-8 años en el mundo de los datos. Y es que uno de los principales motores de la industria de las comunicaciones ha sido la evolución tecnológica. Así que incorporemos un quinto supuesto a nuestro modelo. Suponga, por último, un nuevo salto hacia redes de comunicaciones dónde cada dispositivo es parte de la propia red colaborando directamente en la transmisión de datos de sus vecinos lectores (tomándonos algunas licencias, el teléfono del lector también es una antena móvil a la que los demás se conectarán). Sí, en pleno desarrollo, las redes mesh formarán parte de nuestro futuro próximo. Y es previsible que una evolución aparentemente inocua afecte a ciclos de inversión, aliente nuevos actores, cambie los equilibrios de poder… un escenario de ensueño truncado por la necesaria evolución tecnológica. Un nuevo desafío.

Hay una evidencia, el futuro no entiende de regulación, no entiende de capacidad de inversión, no entiende de posiciones previas ni tecnologías. El futuro entiende de clientes, verdadera fuente de inspiración para las compañías de comunicaciones. Su experiencia es la tercera revolución.

 

Jesús Martín Tello es socio de Business Telecom en everis. Contacta con Jesús via LinkedIn o Twitter

1 comentario a esta entrada

  • yeni el 25 abril, 2013 a las 7:18

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