De la universidad a la empresa, ¿un salto al vacío?

Cuando terminé mis estudios universitarios, y comencé a buscar trabajo, de esto hace ya unos cuantos años, recuerdo que yo, como la mayoría de mis compañeros, estábamos bastante perdidos en cómo y dónde hacerlo. El mundo de la empresa nos era completamente ajeno: llevábamos un montón de años estudiando (básicamente yendo a clase y haciendo exámenes), y el mundo del trabajo, las empresas, el mercado y esas cosas que mueven a los países avanzados eran unos completos desconocidos.

Por aquel entonces, y hablo de hace unos 15 años, las empresas se acercaban tímidamente a las universidades, las prácticas y becas estaban poco extendidas, y opciones como estudiar un curso en Europa con una beca Erasmus estaban dando sus primeros pasos.

Hoy en día, si nos asomamos a la realidad de los chicos y chicas que están terminando sus estudios, y al de las empresas que aspiran a contratarlos, nos sorprendemos al ver que la situación ha cambiado, para mejor, pero no tanto como nos gustaría. Todavía es minoritario el número de alumnos que compaginan su último o penúltimo curso con unas buenas prácticas en una empresa, o los que salen a hacer un curso al extranjero, o los que hacen ambas cosas. Y al final, cuando los jóvenes comienzan a buscar trabajo, lo siguen confiando todo a su expediente académico, a las orientaciones más o menos acertadas de su entorno cercano (familiares, amigos, conocidos, internet,…) y con las mismas dudas, desinformación y falta de madurez que demostraban sus iguales de hace unos cuantos años.

¿ Qué vemos desde las empresas?: Que los recién titulados siguen careciendo de capacidades transversales básicas para adaptarse rápida y exitosamente a un entorno laboral tremendamente competitivo y exigente; les faltan experiencias, información sobre el mundo real, capacidades de comunicación y de trabajo en equipo, de enfocar su trabajo a la realidad y saber venderlo, de poder desenvolverse en inglés con naturalidad, de convivir con situaciones heterogéneas, multiculturales, cambiantes,…

Esto no ocurre, por suerte, en todos los casos, por lo que hoy en día, aquellos que se han preocupado por extender su formación a otros ámbitos y la han querido llenar de experiencias, se ven con unas armas muy poderosas para iniciar su carrera profesional. Las empresas cada vez son más complejas y exigentes: nuevos negocios, nuevas geografías, mayores dimensiones, incorporación de nuevas tecnologías, rapidez en el lanzamiento de nuevos productos y servicios, etc. etc. Los nuevos empleados, si quieren destacar, deben traer en la mochila unas actitudes y aptitudes cada vez más completas.

Nuestra recomendación es que las empresas y las universidades, como partes de un todo, de un sistema completamente imbricado y complementario, necesitan mirarse, oírse y hablarse mucho más, estableciendo fórmulas de colaboración que permitan a los estudiantes (a todos los estudiantes) realizar unas buenas prácticas en entornos reales, realizando proyectos útiles y que les acerquen al mundo que van a encontrar muy poco después. Pero no sólo debe quedar en eso. También es necesaria la participación de profesionales en la actividad docente, complementando a los profesores titulares de los centros, acercando y abriendo las puertas de las empresas a los estudiantes y a los profesores, que deben convertirse en verdaderos dinamizadores de este acercamiento. Uno de los objetivos es dar feedback a las escuelas y facultades, transfiriendo profesores a las empresas y viceversa, contratando las empresas de investigación a los centros de investigación, etc. etc.

No todo es negativo y se ha avanzado mucho, pero tenemos que reclamar a unos y a otros una continua búsqueda de la mejora en la transferencia de conocimiento y experiencias. Y los alumnos, los verdaderos protagonistas, lo deben demandar activamente, pelear por su formación integral.

Todos estamos ansiosos por ver cómo con la transformación de los planes de estudio y la forma de enseñar que supone Bolonia, el nuevo marco de formación superior europeo, que ahora está dando sus primeros pasos, se va corrigiendo esta situación poco a poco (o mucho a mucho). Quizá entro de poco miraremos atrás y veremos que realmente hemos dado un salto considerable y nos hemos puesto en el pelotón de cabeza de los países más avanzados. Está en nuestras manos.

Imagen: Flickr Universidad de Navarra.

 

Alfonso Moreno es socio de everis

1 comentario a esta entrada

  • Guillermo Pérez-Tomé Estévez el 15 marzo, 2011 a las 11:31

    Interesante. Ciertamente, la zona que separa el mundo laboral del académico es hoy día una densa nube desde el punto de vista del estudiante recién titulado. Además, a día de hoy y como bien se pone de manifiesto, la gran mayoría del alumnado universitario carece de una serie de competencias básicas que han de ejercitarse en el mundo laboral para una rápida adaptación y una mínima eficiencia.
    Sería una idea excelente crear materias – tal vez, optativas – a introducir en las carreras que hablen de esas competencias y arrojen algo de luz a los futuros profesionales sobre lo que se espera de ellos.

    Guillermo Pérez-Tomé – Becario en Everis

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