¿Cómo matar el espíritu emprendedor?

Lo normal es que una persona de mi perfil escriba un post describiendo todo aquello que puede fomentar el espíritu emprendedor pero esta vez me he animado a verlo desde la perspectiva contraria. Es decir, todo lo que debemos hacer si de verdad queremos eliminarlo de nuestras organizaciones. Hagamos pues en las siguientes líneas un ejercicio de gestión-ficción, en el que me convertiré en el responsable de anti emprendimiento en un universo paralelo en que sería ese “anti manager” (sí, suena lioso, pero es lo que tiene el tomarse ciertas licencias).

Ya hice este ejercicio hace dos años en unos seminarios que impartí en varios países latinoamericanos, en especial recuerdo una conferencia en la Universidad Autónoma de Guadalajara donde, además de una maravillosa acogida, pudimos reflexionar sobre estas ideas. Básicamente, emprendimiento es lo que hace un emprendedor (no me ha costado mucho esa reflexión) y éste es, atendiendo a la etimología, un aventurero. Las aventuras son la salsa de la vida, acciones que empezamos sin saber como acabarán, de hecho pueden acabar mal, pero, en la mayoría de los casos, estas acciones nos suponen, un proceso de aprendizaje, de realización, que tiene un valor por si mismo.

Por lo tanto, podemos decir que emprender es aventurarse hacia algo de destino incierto. A veces comento que un buen ejemplo de esto es leer el anuncio que el explorador polar Ernest Shackleton publicó en el Times en 1914 para reclutar a la tripulación del Endurance. La verdad es que te emociona… Pero no, soy el “anti manager” y mi misión es acabar con el emprendimiento. ¿Cuál sería la receta? Basta con que me dedique a soltar a mis colaboradores algunas de las frases que voy a enumerar:

- Esto ya lo hemos intentado.
- Esto no se puede hacer.
- Esto es muy caro.
- Esto no encaja con lo que hacemos.
- Esto nunca lo comprarían nuestros clientes.
- Esto ya lo hacen nuestros competidores.
- Esto no lo hemos inventado nosotros.
- Esto no da dinero.
- Esto no podrá estar a tiempo.
- Esto nunca nos dejarán hacerlo.

Resultan familiares, ¿verdad? Es normal, la gestión tradicional que nos han inculcado se centra en gestionar la incertidumbre: tomamos decisiones entre alternativas donde el método, la experiencia,nos deben ayudar a elegir correctamente. Sin embargo, el emprendimiento, la aventura, es el terreno del riesgo, donde cada puerta que abrimos nos supone nuevos retos. Conciliar ambos mundos es difícil pero si queremos propiciar una cultura emprendedora en nuestra compañía debemos diferir el juicio, evitando que de forma inmediata soltemos algunas de las anteriores expresiones. Cierto es que muchas ideas serán malas, otras no funcionarán, que el presupuesto está siempre ahí, etc.; pero la pregunta que debemos hacernos es sí realmente queremos inocular el gen del emprendimiento en nuestro empresas. Si la respuesta es afirmativa, no seas como el “anti manager” que he caricaturizado y empieza por dos sencillos consejos: el primero, en la medida que puedas, sé tu propio CEO; y el segundo, ten más amor al éxito que miedo al fracaso.

Angel SanchezÁngel Sánchez – Director General de i-deals. Contacta con Ángel via Twitter.


2 comentarios a esta entrada

  • @btulleuda el 12 diciembre, 2013 a las 10:23

    Ángel, reflejando la realidad nos inspiras en confirmar que la resilencia y el optimismo hace que un intraemprendedor nunca desista. Con muchas ganas de asistir a tu sesión en Ágora donde nos contarás estas cosas :-)

  • Alan el 14 enero, 2014 a las 19:12

    Nada nuevo bajo el sol. Positividad, aprendizaje por fracasos, todo es posible…cuantas veces lo mismo. Especialmente efectivo para agradar a clientes y superiores. Pero, quien sufre la idea feliz de turno? El pobre consultor que no consigue el reto porque no es lo suficientemente positivo. Para hablar de innovacion es necesario haber innovado tu mismo de verdad en algo…y no vale atribuirte el talento ajeno. Ni siquiera tu discurso es innovador.

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