Vuelta a casa por Navidad con nuevas oportunidades

Supongo que todos estamos cansados de escuchar que las grandes empresas se aprovechan de sus trabajadores. Y cuánto más si sus empleados llevan poco tiempo en la firma. Es más, estamos hartos de ver estadísticas y noticias de precariedad laboral, de la baja calidad de vida, y de la falta de motivación que tienen los trabajadores en su día a día.

Sin embargo, he tenido la suerte de entrar a formar parte de un gran proyecto común, que ofrece a sus personas la oportunidad de ser escuchadas. En el momento en que everis me llamó para concertar una entrevista, tenía muy claro que era una gran ocasión que no tenía pensado desaprovechar. Y esta ilusión se hizo realidad cuando recibí la carta oferta.

No sabía a dónde se me asignaría, pero sí tenía claro que estaba llena de oportunidades. Tuve que trasladarme de ciudad, pero no me importó debido a que el desarrollo profesional que me ofrecía no lo encontraría en ningún otro sitio. Al fin y al cabo, everis tiene oficinas en todo el mundo y, antes o después, podría pedir el traslado si, en algún momento, decidiera coger experiencia en otro lugar del globo.

Los nervios pertinentes del primer día fueron desapareciendo según me iban presentando compañeros. Cada historia era una motivación que me hacía tener más ganas de empezar a trabajar. A pesar de la variedad de proyectos diferentes, en general, todos coincidían. Trabajaban mano a mano con sus responsables, lo cual te hacía aprender más y mejor, trabajaban en equipo y tenían una enorme cercanía y confianza entre compañeros. En definitiva, te hacía crecer profesionalmente.

Una vez asignada a un proyecto, empezó la aventura. Todo lo que me habían contado lo pude experimentar. La ilusión y empeño puestos para sacar el proyecto adelante se materializaron en el momento de la evaluación. Pude comprobar en primera persona que los méritos logrados eran valorados. De modo que, en cuanto comencé a tener experiencia, valoré la posibilidad de volver a mi ciudad. Aquí estaba contenta, pero mi cabeza estaba en otra ciudad, aquella en la que nací, de la que me tuve que ir.

Las experiencias externas no eran nada alentadoras, diciendo que los traslados se trataban como un tema tabú o, con suerte, se tardaba años en conseguirlos. Sin embargo, como dijo Albert Einstein, “como no sabía que era imposible, lo hice”. A fin de cuentas, uno de los pilares de everis es dar la oportunidad a cada uno de llevar las riendas de su futuro. Todo comenzó con una llamada telefónica en la que pedí información sobre cómo realizar una transferencia de oficina.  Porque si algo tenía everis que me hacía valorarlo todavía más era saber que podía contactar con cualquier persona, puesto que nunca sentí ninguna distinción.

Y, en pocos meses, me llamaron para decirme que tenían un hueco para mí. No sabía cómo ni por qué, pero fue el claro ejemplo de que los deseos eran tenidos en cuenta. Desconozco el procedimiento interno, pero sí puedo afirmar que los traslados se hacen realidad.

En resumen, vuelvo a sentir esos nervios del primer día por no saber lo que me espera. Una vez más, estoy llena de ilusiones, agradecida por todos los que se han motivo para hacer realidad mi sueño. Así que, probablemente, en el momento en que se publique este artículo, yo ya estaré trabajando allí donde pedí el traslado. Teniendo en cuenta las fechas en las que estamos… me voy de vuelta a casa por Navidad (y esta vez para quedarme).

 

Irene Domínguez Manteiga. Consultor analista en everis. Contacta con Irene vía Linkedin.

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