Languages

Title

Consultoría: pasado, presente y futuro

consultoría

Title

14 de julio de 2011

El término consultor es probablemente de los más usados hoy en día en el ámbito de los negocios. Es de esas palabra siempre a mano en el vocabulario business junto con, como no, innovación, sinergia, social media, web, movilidad, outsourcing, offshoring, etc. Pero, realmente, ¿qué es un consultor? Bien, si nos fijamos en la etimología viene del latín, “consultus” o lo que es lo mismo, asesoramiento. Es decir, hablamos de alguien que presta servicios profesionales donde la clave es el conocimiento, dando consejo a quien lo necesita.

Desde esta óptica, quizás los primeros consultores fueron los escribas sumerios o egipcios, que dominaban el conocimiento más avanzado de la época, la escritura, y que estaban siempre cerca del poder, ya sea político o religioso. Pero no nos vayamos tan lejos. La consultoría moderna, tal y como la conocemos, tiene su origen en los años 20-30 del siglo pasado, siendo la firma de consultoría McKinsey la pionera. En efecto, James O. McKinsey había alcanzado renombre al aplicar los principios y métodos de la ingeniería, combinados con el estilo impecable de los servicios jurídicos y de auditoría, a los problemas de gestión, surgiendo el management engineering. McKinsey contrató en 1930 a Marvin Bower, que desarrollo el concepto y esta forma peculiar de dar servicios para resolver problemas de gestión, de tal forma que hoy en día se considera a Bower como el padre de la consultoría de negocio.

Por lo tanto, el concepto es su orígenes ya contenía parte de los rasgos que definen nuestra profesión: orientación al logro, hacer nuestros los problemas de los clientes y darles solución, oportunidades de carrera, liderazgo, etc. Más adelante, el modelo fue copiado por las firmas auditoras y de asesores legales y tributarios, había nacido la consultoría como negocio anexo a la de auditoría o asesoría legal. Son los tiempos en los que surgen grandes firmas como Arthur Andersen, Coopers & Lybrand o Price Waterhourse.

Sin embargo, el concepto evolucionó… Poco a poco, la rama consultora fue ganando peso a la auditora / asesora y, además, los problemas de management engineering fueron siendo cada vez más problemas ligados a las tecnologías de la información (TI). De tal forma que en los 80 el consultor tipo era básicamente un profesional de las TI que, eso sí, heredaba esos principios de excelencia en la ejecución de sus servicios. Pero esto es el pasado, ese mundo de “super-profesionales” iba a verse sacudido por dos fuerzas. Por un lado, la ubicuidad y abaratamiento de las TI: se podían encontrar cada vez más profesionales, por ejemplo, programadores, que difícilmente podían cuadrar en el modelo clásico; además, las externalización llevaba a plantear proyectos donde el coste era un factor y el valor tradicional del consultor no se percibía tan nítido. Por otro, ya desde los años 90, las firmas líderes en consultoría venían separando sus dos negocios (o tres) habituales: consultoría TI y de negocio por un lado y auditoría y asesoría legal y tributaria por otro. Este es el caso de Arthur Andersen, que escinde su negocio de consultoría bajo el nombre de Andersen Consulting en 1995, para ser renombrado como Accenture en enero de 2001. Este proceso de escisión se acrecentó tras el escándalo del caso ENRON (2002), que forzó a establecer una línea clara entre el trabajo del que te asesora (consultor) del que te audita (auditor).

Es este el escenario en que nos encontramos hoy y, de hecho, son muy pocas las consultoras que han mantenido el modelo descrito. Sin duda, la pregunta de cara al futuro es, ¿seguirá habiendo cabida para el consultor en sentido estricto? Es decir, para el profesional ambiciosos (profesionalmente hablando) que quiera aportar valor asumiendo un elevado compromiso con sus clientes. En mi opinión, en ciertos ámbitos de consultoría de negocio o especializada sí, pero en el mundo TI existe una tendencia cada vez más acrecentada hacia la factorización y estandarización, quedando poco espacio para pagar un euro de más por ese valor diferencial. No obstante, el mundo es menos globalizado de los que parece (basta leer el libro World 3.0 de Pankaj Ghemawat, profesor del IESE) y aunque alguien pueda hacer un desarrollo más barato en algún lugar del mundo siempre habrá cancha para aquellos que conozcan bien el negocio y lo sepan trasladar a esos sistemas. Ahí está el grial a perseguir; si no lo hacemos nos iremos deslizando poco a poco por la dolorosa cuesta del valor menguante y, quien sabe, quizás pongamos nuestra profesión en peligro de extinción.

Imagen de Flickr de Universidad De Navarra

Categorías

0 Comentarios

Deja tu comentario

Los más leídos