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Programar o ser programado

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Programar o ser programado
emprendimiento

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27 de mayo de 2011

En todos los medios se nos comentan las ventajas que la redes sociales o, de una manera más generalista, las posibilidades que las herramientas de la web 2.0. están poniendo a nuestro servicio. Sin duda, dichas herramientas están contribuyendo a cambiar la forma en la que nos relacionamos, formamos, protestamos o, incluso, decidimos acabar con tiranías enquistadas durante lustros, como la experiencia reciente de Túnez y Egipto nos demuestra.

Es cierto, estamos ante una revolución, un gran cambio cuyo impacto todavía no podemos calibrar, pero tengo muy claro que el que escribe este post y los que probablemente lo lean serán meros espectadores del cambio. Ese cambio se está fraguando en las generaciones venideras, en esos nativos digitales que han nacido y viven con (algunos “en”) la red. Todo está ocurriendo a gran velocidad sin que estemos haciendo las reflexiones necesarias: no nos hemos parado a pensar sobre los aspectos éticos que conlleva la red, su limitación o control y, con demasiada frecuencia, se rechazan las ideas en esta línea sin detenerse a hacer un mínimo análisis. Bien, una de estas valoraciones tiene que ver con el hecho, a mi juicio sorprendente, de la pérdida de control que estamos teniendo de todas las tecnologías que tienen que ver con la Red. Me explico…

Hubo un tiempo no muy lejano en el que un experto en informática contaba entre sus destrezas con la capacidad de programar. Es más, recuerdo con cariño como en los 90 mis colegas y yo montábamos clusters de PC usando LINUX, como mejorábamos aplicaciones gráficas usando librerías estándar o creábamos nuestras propias librerías y más. En otras palabras, éramos unos usuarios intensivos de las tecnologías de la información, pero teníamos el control, sabíamos descifrar los misterios de las plataformas con las que operábamos y las usábamos en nuestro favor y el de nuestra comunidad de usuarios.

Hoy en día esto ha cambiado, loamos lo que la Red supone, su capacidad de socializarnos, de hacernos compartir, de hacernos, si cabe, mejores, pero hemos perdido el control de esas plataformas. Todo nos lo da alguien para que compartamos, nos socialicemos, aprendamos, etc., pero hacemos lo que, hasta cierto punto, otros quieren que hagamos. En ese proceso les damos información que usan para priorizar páginas, extraer información, optimizar la publicidad, etc.

No estoy viendo un Gran Hermano, ni siquiera el título de este post es mío, es el del último libro de Douglas Ruskoff, ensayista y autor estadunidense que se caracteriza por una visión provocadora sobre el mundo digital. No obstante, deberíamos de pararnos a pensar en la necesidad de tomar el control, en no perder los buenos hábitos que se basan en conocer las herramientas que usamos y manejar nosotros los tiempos. Es importante…

A modo de ejemplo, ahora mismo acabo de oír como mi nevera se pone en marcha, creo que un compresor está haciendo algo, no sé el que, me da igual: necesito a la nevera pero no es un instrumento vital para mis relaciones, aprendizaje o trabajo, me es menos crucial.

En definitiva, si no queremos ser programados por las tecnologías de la Red, debemos de revindicar el derecho a conocer cómo funcionan estas herramientas y dejar claro que nosotros somos los que programamos.

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