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Reflexiones sobre los métodos Lean y su aplicación al emprendimiento

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Reflexiones sobre los métodos Lean y su aplicación al emprendimiento

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22 de octubre de 2013

La sociedad actual en general es muy proclive a un fenómeno que denomino el “deslumbramiento”. Con más facilidad que nunca adoptamos como verdades absolutas conceptos que son, en gran parte, obvios. Presa de esta ceguera temporal tomamos ideas que son de sentido común como una especie de revelación, de conocimiento anunciado que, cual epifanía (la elección del termino no es casual, como se verá más adelante), nos es anunciado.

Este es el caso de los métodos “Lean” y su aplicación a la gestión emprendedora. Antes de continuar y para evitar malentendidos comentaré que comparto plenamente sus principios que, básicamente, se resumen en que las empresas de nueva creación, las tan famosas start-ups, deben gestionarse con principios distintos, adaptando enfoques más convencionales de gestión. Y ya está, esa es la cuestión: un poco de sentido común y adaptar lo que ya existe, como bien nos decían en las clases de física, pasar de la solución general a una particular del problema.

Estos principios se encuentran bien recogidos en el cuerpo de conocimiento de gestión emprendedora que ha ido publicándose en estos años. Empezando por el famoso “Four steps to Epihany” (Steve Blank, 2003; de ahí lo de “epifanía”), pasando por el “Business Model Generation” (Osterwalder y Pigneur, 2010) para concluir con el “Lean Start-up” (Eric Ries, 2011). De hecho, un buen resumen sería el reciente artículo de Blank en “Harvard Business Review” (mayo 2013) y los recursos de su web (www.steveblank.com).

En mi opinión, Steve Blank es un emprendedor, comunicador y profesor de éxito; al igual que Ries. En su libros nos cuentan que las start-ups deben focalizarse más en construir su plan de negocio que en ejecutarlo, dado que lo que de verdad tiene una de estas empresas en sus estadios más iniciales es un conjunto de hipótesis que validar: lo primero que hay que hacer, comprobar si hay algún cliente que tenga necesidades que poder satisfacer con nuestro producto o solución y, lo segundo, una vez determinado es cliente, ver si tiene interés por comprar nuestro producto.

En la primera validación, denominada “customer discovery”, se lleva a cabo con los “nimum viable products” (MVP), productos que satisfacen una necesidad y que tienen la funcionalidad mínima necesario para cumplir su función: validar hipótesis. La siguiente etapa, “customer validation”, se centra en el interés que tiene el cliente potencial en comprar el producto en cuestión, en esta ocasión se persigue ya una acción de venta. Todo esto está muy bien, pero, ¿acaso no es lo que se debe hacer siempre a la hora de lanzar un nuevo producto?

Por otro lado, el “Business Model Canvas”, conceptualización visual de un modelo de negocio y que es la base conceptual del citado “Business Model Generation”, es una herramienta muy útil para visualizar la distintas hipótesis del mencionado modelo. Este libro, su formato, ideas, modelos, etc., constituye realmente una ayuda y es parte del acervo de cualquier aspirante a emprendedor. Pero, más allá de esto, lo que hay es una reverencia casi religiosa a todos estos principios “Lean”. Cualquier día a uno de estos acólitos se le aparecerá San Steve Jobs, patrón de los desarrolladores de apps, y se harán peregrinaciones de devotos, portando ejemplares del “Lean Start-up” a esos nuevos templos laicos del Silicon Valley. Sí, estoy siendo irónico, pero el “deslumbramiento” es tal que hay gente que realmente piensa que una start-up puede funcionar sin un plan bien construido, sin la aplicación de sólidos principios de gestión. Es como esos productos milagrosos de las teletienda que te prometen abdominales de infarto sin esfuerzo: no, no es así; lo puedo asegurar.

Esa es la verdad en sentido estricto, como dice Tom Biers en su conocido “Technology Ventures”, el valor de mercado de un negocio emprendedor es una combinación de un equipo, capaz y comprometido, una buena oportunidad, un contexto favorable y, como no, sólidas capacidades de gestión. Eso tiene sentido.

En definitiva y a modo de cierre, todos estos métodos englobados en el mundo “Lean” son conceptualizaciones útiles y necesarias para enfocar adecuadamente el desarrollo de una nueva empresa innovadora pero no dejan de ser principios de sentido común que no sustituyen, sino que complementan, los principios tradicionales de la gestión. Realidad de la que todos estos emprendedores toman conciencian cuando entran en contacto con, por ejemplo, inversores.

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