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Inmersos en la cuarta revolución industrial, sin tiempo que perder

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14 de diciembre de 2020

Cuando hace unos pocos años se empezó a acuñar el término Industria 4.0 para referirse a la cuarta revolución industrial, era difícil predecir que muchos de los paradigmas que la caracterizan serían la tabla de salvación para una sociedad impactada por la mayor crisis global de los últimos tiempos.

El puesto de trabajo moderno

Y es que, aunque la velocidad a la que se estaba introduciendo la digitalización en nuestras vidas hacía presumir que su implantación sería extremadamente ágil, la pandemia ha acelerado aún más muchos de los procesos que se benefician de las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías. Sin ir más lejos, nuestros puestos de trabajo están cambiando radicalmente en solo unos meses. Recientemente en un encuentro en el que han participado expertos en la definición del puesto de trabajo moderno,  más allá del concepto de teletrabajo, que llegó a alcanzar el 34% de la población activa en el primer confinamiento, se han constatado los enormes cambios en la forma y en el fondo de cómo va a ser ese futuro puesto de trabajo y que en buena medida vienen propiciados por las nuevas tecnologías, acercándonos a conceptos como el liderazgo remoto, la conciliación o la compensación por consecución de objetivos. Y nos referimos a la posibilidad de disponer de sistemas de comunicación cada vez más ágiles, como 5G, a la disponibilidad de información en la Cloud, a la automatización de procesos, o a todas las herramientas de Smart Working que permiten la gestión de espacios y recursos de forma eficiente.

 

También es seguro que estos cambios hacia el puesto de trabajo moderno, más desarrollado en el entorno de los empleos de oficina, impulsan la transformación de puestos más operativos, en ámbitos industriales o de distribución, en donde la prioridad debe ser la seguridad de los empleados. Las tecnologías de la Industria 4.0 permiten diseñar un ambiente mucho más seguro, en el que deben desaparecer las reticencias al uso de equipos de monitorización con wearables, a los exoesqueletos, al empleo de robots colaborativos o a los sistemas de alarma temprana. Como se constató en el encuentro antes mencionado, y refrendado en los informes de Smart Industry 4.0, la mayor barrera es la resistencia al cambio, pero asegurando que la persona siempre esté en el centro de todas las soluciones, la presión a la que nos somete este momento tan convulso será un acelerador forzoso de la transformación necesaria para sobrevivir y tener éxito en el futuro.

 

Barreras culturales

Y como decimos, no hay tiempo que perder, por lo que para superar las barreras culturales es imprescindible hacer un esfuerzo inmediato en formación y comunicación. La crisis provocada por la sorpresiva aparición de la pandemia ha demostrado que, en circunstancias adversas, el proceso de aprendizaje y la puesta a disposición de las herramientas tecnológicas habilitantes se aceleran ante la imperiosa necesidad del cambio forzoso. Esta es la prueba de que las mencionadas barreras culturales son más franqueables cuando existe la voluntad y el liderazgo requeridos. La gestión del talento y la comunicación corporativa se convierten en fundamentales para adaptar las organizaciones al proceso de transformación, probablemente más incluso que la existencia de las tecnologías más avanzadas.

 

La experiencia vivida nos hace pensar que los planes de formación para todos los trabajadores en todos los niveles y la incorporación de talento especializado se pueden desarrollar de una manera más audaz, apostando por una implantación más ordenada que sin duda dará mejores frutos que algunos de los programas improvisados que hemos tenido que agilizar en los momentos más complicados de la pandemia. Sin duda esta es una lección que hemos debido aprender para garantizar la correcta adopción de los prototipos de la Industria 4.0.

 

Nuevos modelos de negocio

Otro de los cambios que se han acelerado a raíz de esta crisis es la creación de nuevos modelos de negocio, y al mismo tiempo la desaparición o reducción drástica de algunos de los antiguos. Podemos comprobarlo en las grandes corporaciones, en donde la cotización de muchas de las empresas de ámbitos tradicionales ha sufrido una fuerte corrección a la baja, mientras que la de las empresas tecnológicas se ha disparado como consecuencia del incremento de la demanda de sus productos y servicios y de las optimistas expectativas de futuro. Pero también a pequeña escala podemos verlo en ejemplos como los de la restauración, el ocio o la movilidad urbana, en donde los que han sabido adaptarse rápidamente en el uso eficiente de la tecnología están pudiendo sortear los problemas originados por la pandemia.

 

Ante la crisis sanitaria que deriva en crisis económica, quienes más han abrazado las tecnologías de la Industria 4.0 están encontrando en ellas el mejor aliado para la salvación de sus negocios.

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