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La tecnología, flexibilidad e inversión, claves para la transición energética

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26 de febrero de 2019

La Cumbre por el Clima de París trajo consigo un compromiso firme por parte de la práctica totalidad de naciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar así el incremento de temperatura global del planeta a 2ºC. La generación de electricidad y calor global es responsable del 25% de las emisiones de efecto invernadero. Por tanto, el impulso de la transición energética hacia un modelo sostenible, donde predominen las energías renovables, es una prioridad.

Desde Europa, se han dedicado fondos y el desarrollo de una regulación precisa que aporta claridad sobre la dirección en la que los europeos debemos avanzar para conseguir dejar el mejor legado a nuestros hijos: un modelo productivo sostenible. Para ello, estamos obligados a transformar la forma en la que producimos y consumimos energía.

El modelo energético que ha prevalecido, con pequeñas evoluciones, durante los últimos 100 años se encuentra a las puertas de una transición sin precedentes. La penetración de fuentes renovables y su limitada capacidad de gestión, o la introducción de nuevos grandes consumidores de energía como el vehículo eléctrico, son dos palancas que obligan a incorporar nuevas herramientas al operador de red, de forma que el sistema siga siendo gestionable, priorizando la seguridad y la calidad de suministro a los usuarios.

Para dar respuestas a los retos que representa la transición del modelo energético el elemento central con el que contamos es la tecnología y el conjunto de herramientas que más pueden influir en el despliegue del nuevo modelo energético se engloban en torno al concepto que llamamos flexibilidad. Las cuatro palancas tecnológicas con un mayor potencial impacto a corto medio y plazo son el desarrollo de infraestructuras más inteligentes, el despliegue masivo de generación distribuida, el almacenamiento energético a pequeña y media escala y la gestión de la demanda.

Para poder desplegar cada una de estas herramientas se debe trabajar en tres líneas necesariamente: alcanzar una madurez tecnológica suficiente que permita dotar de soluciones fiables al sistema; una regulación permisiva y que incentive la introducción de nuevas tecnologías en forma de herramientas que permitan dotar de mayor capacidad de gestión y, finalmente, de las condiciones básicas de intercambio de valor por incentivos de forma que se pueda componer un mercado.

El desarrollo de tecnologías clave para acelerar la transición energética ha captado durante la última década millones de euros públicos y privados. Desde i-deals, hemos analizado el esfuerzo inversor ejecutado por la Comisión Europea a través de los principales mecanismos de apoyo a la innovación tecnológica: Horizonte 2020 y su predecesor, FP7. El estudio arroja que desde el lanzamiento de la Directiva de Eficiencia Energética del año 2012 (2019/27/EU) la CE ha invertido más de 2.000 millones de euros en el desarrollo de proyectos tecnológicos relacionados con la transición energética. De ellos, 370 millones de euros se han destinado a proyectos en los que el elemento central era la flexibilidad. Otro de los elementos diferenciadores que permiten entender hacia dónde se dirige el nuevo modelo es que el 80% de estos proyectos – 210 millones de euros- se han desplegado en el entorno de la distribución (DSO), mientras que en la parte de transporte (TSO) agrupan al 7% de los proyectos apoyados. Esto permite validar algunas de las hipótesis más apoyadas acerca del rol renovado y expandido que jugará el DSO –u otros actores en el mismo entorno- en el nuevo modelo energético.

Los proyectos financiados se desarrollan además principalmente en entornos residenciales - reforzando el papel más relevante que obtendrá el consumidor/prosumidor- así como en el entorno comercial. De los 25 proyectos financiados que se desarrollan en el ámbito de la distribución el foco central es la integración y gestión remota de activos energéticos distribuidos (DER), buscando el desarrollo de las denominadas Virtual Power Plants. Con las Virtual Power Plants se busca agregar activos de generación eléctrica, almacenamiento energético distribuido así como gestión consumos, con especial foco al vehículo eléctrico y su potencial interacción con la red (V2G), con el objetivo de dotarse mediante su control remoto de capacidad de intervenir en el mercado bien como generador o aportando servicios de alto valor añadido al operador del sistema.

Una de las principales apuestas renovadas de la CE es el despliegue de entornos de prueba para el desarrollo de las últimas etapas de maduración de las diferentes tecnologías. Acercar la innovación a los ciudadanos y a la industria es fundamental para que los cambios se materialicen.

En los últimos años se contabilizan más de 222.000 usuarios residenciales y comerciales, 2.000 subestaciones, 5.500 kilómetros de cable de M-B tensión y más de 100 MW de renovables han participado en la validación de las tecnologías en desarrollo. Desde la CE se ha priorizado claramente poder validar el impacto que los diferentes proyectos podrían tener en el sistema y la propia sociedad, desde la potencial reducción de emisiones hasta la generación de puestos de trabajo, con el fin de extender el apoyo a una u otra tecnología. Los actores que participan en los proyectos se dividen principalmente en academia - universidad-,  I+D - Centros de Investigación- e industria. Tan solo mediante la combinación del talento de estos tres grupos sumado al apoyo de las instituciones locales, nacionales y europeas, será posible dotarnos de las mejores herramientas para superar los retos de nuestro tiempo.  

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