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Confianza, la mejor arma para superar una entrevista

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Confianza, la mejor arma para superar una entrevista

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26 de mayo de 2014

Cuando un universitario se enfrenta a sus primeras entrevistas de trabajo es inevitable que aparezcan las lógicas incertidumbres que siempre afloran cuando te enfrentas a algo nuevo e importante por primera vez. Para apaciguar estas incertidumbres  hay multitud de consejos al alcance de la mano. Basta realizar una búsqueda sencilla en internet para encontrar cientos de miles de respuestas. Y muchas de ellas aportan soluciones válidas y efectivas, resultado de investigaciones y trabajos de campo muy profundos y profesionales.

Si a mí me preguntan que aspectos considero clave a la hora de enfrentarse a una entrevista de trabajo, mi respuesta no se basa tanto en la amplia literatura disponible como en mi experiencia personal: qué es lo que valoro y lo que no valoro en una entrevista. Hecha esta precisión,  si tengo que explicar en una palabra qué es lo que me mueve a inclinarme por aceptar o desestimar una candidatura de trabajo, esta palabra es confianza. Es muy simple. Si la persona me genera confianza, me decantaré por el sí. Y en caso contrario lo haré por el no. En las próximas líneas trataré de explicar qué entiendo yo por eso tan poco concreto de la confianza.

La entrada: cuida la puesta en escena. Para empezar es un aspecto no por más conocido menos trascendente. La primera impresión es muy importante. Creo que el candidato tiene que aproximarse  al proceso de selección con una actitud de seducción: debe tratar de seducir (profesionalmente, se entiende) al entrevistador. Y el problema es que para hacerlo dispone de un tiempo muy limitado, por lo que el comienzo es fundamental.

Yo valoro de manera especial cómo se presenta la persona que tengo enfrente, si mira  a los ojos, si sonríe, si se expresa con naturalidad y, también, que soltura muestra en sus primeras palabras. Valoro también el modo en que da la mano o si tiene un aspecto físico cuidado o descuidado. Este aspecto también tiene su relevancia: cuando uno acude desaliñado a una entrevista de trabajo está demostrando, indirectamente, una evidente falta de interés. Y estaremos de acuerdo en que, en general, una buena puesta en escena ayuda al proceso de seducción.

Desarrollo: Sé tu mismo pero llévate preparadas las respuestas. Y también algunas preguntas.
Una vez hechas las presentaciones y sentados a la mesa de reuniones, yo no suelo llevar un guión prestablecido para la entrevista. Me dejo llevar por la conversación, profundizando en unos aspectos o en otros, según va surgiendo, y trato de que el candidato hable mucho.

Eso sí, toda la conversación va orientada a indagar en sus competencias, como método fundamental de evaluación para identificar el talento, potencial y habilidades de la persona de una forma fiable y objetiva. Para ello utilizo preguntas relativas a situaciones concretas y específicas, haciendo que el candidato me explique sus reacciones basándose en ejemplos reales de situaciones vividas. Es decir, busco evidencias de cómo la persona se ha desenvuelto en el pasado, de forma que pueda predecir con mayor fiabilidad cómo se podrá comportar en el futuro.

En un recién licenciado lo que valoramos no es conocimiento experto ni diferencial, buscamos potencial. El candidato debe demostrar su aptitud y actitud: capacidad de trabajo en equipo, capacidad analítica, capacidad de adaptación y flexibilidad, facilidad de aprendizaje, tolerancia al cambio, iniciativa y orientación a resultados y calidad.
Por eso me interesa que la persona hable bastante, de forma que pueda valorar con más certeza el nivel de confianza que me trasmite, sobre todos estos aspectos clave que denominamos competencias. En este aspecto, es vital que el candidato lleve preparadas respuestas que permitan observar evidencias conductuales sobre las competencias clave. Esto es importante, ya que las preguntas van siempre orientadas a provocar una respuesta elaborada. No basta con un sí o un no. Esto permite, además, valorar si el candidato se expresa correctamente y utiliza bien el lenguaje. Un aspecto fundamental en este aspecto es la naturalidad. Una de las cosas que más merman mi confianza es que la persona no sea natural, que sobreactúe, que exagere, que se venda en exceso. Es bueno que seas tú mismo, pero sin perder las formas, sin hablar a lo loco y manejando adecuadamente los silencios. Y sobre todo nunca mientas. Las preguntas también facilitan la detección de mentiras o medias verdades.

Siempre dejo una buena parte del tiempo disponible en la entrevista para los, podríamos decir, ruegos y preguntas. Lo hago porque considero crucial que la persona se haya preparado bien la entrevista, y aquí es donde debe demostrarlo de verdad: ¿tienes claro dónde te metes?, ¿qué se te va a exigir desde el primer día?, ¿cuáles son los criterios de promoción?, ¿En qué clientes trabajamos?… Este es el momento en el que el candidato tiene más posibilidades de triunfar (si las preguntas son inteligentes y las enuncia con seguridad) o fracasar (si las preguntas son intrascendentes o se hacen con desgana).

• Cierre. Si te interesa el puesto: demuéstralo.
Llegada la hora de la  despedida, se suelen dar también múltiples consejos sobre como cerrar bien una entrevista, pero lo cierto es que en la mayor parte de los casos yo ya tengo mi opinión bastante formada. Un aspecto que si ayuda a terminar de generar confianza es que el candidato se interese por los próximos pasos. Así que si estás interesado de verdad por el puesto, eso debe notarse. Aprovecha hasta el último segundo.

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