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Makers: la resistencia solidaria

Responsabilidad social

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21 de abril de 2020

Una de las cosas positivas que se pueden destacar en esta crisis sanitaria es la capacidad de determinados colectivos como los makers, para responder a la demanda social de auxilio. Como sociedad podemos estar orgullosos de la capacidad organizativa y el espíritu solidario de esta comunidad, que se ha convertido en portavoz de la esperanza.

Desde el inicio de la pandemia, los makers se han puesto a disposición del Gobierno español y las autoridades sanitarias para, de forma altruista, fabricar mascarillas, pantallas de protección y un sinfín de elementos básicos que protejan al personal sanitario, a las fuerzas de seguridad del estado y a los colectivos más vulnerables. Todo esto ha sido posible gracias a la intensa red de colaboración que ellos mismos han tejido, y al uso más solidario de las nuevas tecnologías, entre las que destaca la impresión 3D.

Este movimiento también ha conseguido traspasar fronteras, en aras de internacionalizar estos actos solidarios que se han potenciado a raíz de la propagación del coronavirus a nivel mundial. Países como Italia, Reino Unido, Argentina, Chile, Países Bajos, entre otros, también cuentan con una extensa red organizada de makers que constituyen el eje de resistencia al virus y que ponen en valor el trabajo colectivo.

Pese a que ahora han cobrado más protagonismo, el movimiento maker cuenta con una larga trayectoria que le ha permitido estar a la altura en una situación de emergencia como la que estamos viviendo. Dale Dougherty, creador de la comunidad maker, define así el papel de este colectivo: “si el Plan A es el Gobierno, el Plan B la industria, el Plan C corresponde a la acción cívica. Todos aquellos que tienen la cabeza agachada, los makers, los creadores de cosas saben que sus acciones son las que hablan y se dirigen a otros que también están dispuestos a trabajar duro”.

El espíritu de la comunidad maker ha encontrado un gran aliado en la globalización, que ha permitido que el conocimiento se distribuya de manera horizontal en ámbitos que hasta ahora permanecían incomunicados, estableciendo relaciones heterárquicas y haciendo posible que sea aplicado a cualquier contexto innovador. Esto significa que todos pasamos a ser coaprendices y comaestros como resultado de la aplicación colectiva de nuevos conocimientos. La comunidad maker ha supuesto una revolución en el ámbito de la cooperación y la producción, una nueva manera individual de trabajar que al mismo tiempo aporta su granito de arena a la cadena de valor sobre la que se sustenta.

Es un hecho, que en la sociedad de consumo nos hemos acostumbrado a dejar en manos de las marcas y en figuras de poder nuestra propia identidad, y el movimiento Do It Yourself o Maker responde a esta corriente y se fundamenta en el constructivismo como forma de aprendizaje, de autorrealización y de apuesta por el mundo físico frente al digital.

Granos de arena hacen una montaña

En una sociedad con claros tintes individualistas llama la atención la influencia de esta comunidad. Los makers parten de la convicción de que todos somos imprescindibles en situaciones de necesidad y, por pequeño que sea el movimiento, este puede llegar a ser el impulso definitivo que ponga en funcionamiento la maquinaria necesaria y decisiva.

La organización es la clave de su éxito; han llevado el teletrabajo al mayor grado de eficiencia posible, tejiendo unas redes de comunicación y colaboración que están funcionando como un reloj suizo. Este solidario entramado funciona gracias a los roles que cubren diferentes áreas de la cadena de trabajo. En esta crisis sanitaria, por ejemplo, hay personas involucradas en la recogida del material, profesionales que trabajan en el desarrollo de software de planificación de recogida de estos materiales, grupos de diseño. La implicación va más allá del diseño y la producción de material. También existen miembros de la comunidad maker que se dedican a resolver problemas técnicos o que ofrecen recomendaciones con respecto al sistema de versionado.

En everis estamos muy orgullosos de contar con makers que son parte de la compañía y que poseen el conocimiento y el espíritu necesario para formar parte de este motor solidario. Estos empleados son personas con ganas de conocer nuevos retos, enfrentarse a otras realidades, y asumir responsabilidades de distinta índole, creando experiencias totalmente nutritivas profesionalmente hablando.

Un cambio generacional

Por naturaleza, el ser humano trata de buscar un canal a través del cual pueda expresar su creatividad. Esta realidad, unida al acceso a las tecnologías ha sido clave en la consolidación del movimiento maker. Por eso, cuando la situación se revierta y vayamos recuperando la normalidad en la medida de lo posible, la comunidad continuará trabajando para transformar parte del tejido productivo, valiéndose de los mecanismos que les han servido para alcanzar una relevancia inusitada.

Este movimiento supone un antes y un después en la gestión de recursos sanitarios. Es posible, que, gracias a su hazaña, nazcan startups que den forma empresarial a este movimiento con el objetivo de establecer unas redes de colaboración con el Estado y las grandes empresas, que se extiendan más allá de esta crisis sanitaria.

 

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