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Mujeres con historia

Responsabilidad social

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8 de marzo de 2019

Más del 57 % de la población mundial está conectada a Internet según el informe “Global Digital 2019 reports”. Cuando Tim Berners-Lee creó Internet cambió el mundo que vivimos  y que impacta ya a 4.388 millones de personas, pero sin Wendy Hall, pionera de los links o Radia Perlma, creadora del protocolo Spanning Tree (STP), esto no sería posible.

Defensora de la usabilidad de la tecnología, Perlma sigue investigando y patentando decenas de descubrimientos, con la esperanza de que Internet sea un lugar más seguro y sencillo para todos.

Pero cuando hablamos de facilidad de uso, pensemos también en la facilidad de acceso. ¿Imaginaríamos hoy la conexión a Internet sin la tecnología inalámbrica, sin el WiFi? 

Gracias al descubrimiento patentado por la ingeniera y actriz vienesa Hedwig Eva Maria Kiesler, conocida como Hedy Lamarr en los años 40, esto es posible. Su invento sobre la técnica del “espectro ensanchado por salto de frecuencia” utilizado por primera vez durante la crisis de los misiles de Cuba se considera el precursor del sistema de comunicaciones inalámbricas utilizado en la actualidad en los teléfonos móviles, los GPS, Bluetooth y Wi-FI.

Según Hedy Lamarr, “Todas las personas creativas quieren hacer lo inesperado”, pero lo que creó Margaret Hamilton, pionera de conceptos como el software asíncrono, la programación de prioridades y las pruebas de extremo a extremo, aunque inesperado para algunos, fue previamente diseñado como un software ultra confiable.   

El 20 de julio de 1969, millones de personas presenciaban el alunizaje del Apolo 11. Tres minutos antes de conseguirlo, dos alarmas codificadas como 1201 y 1202 alertaban de un fallo que pondría la misión en peligro.  El software diseñado por el equipo de Hamilton de más de 400.000 líneas de código fue lo suficientemente robusto para manejar los desbordamientos de búfer y prever los fallos inesperados del hardware. Sin lugar a dudas, sin Hamilton, Amstrong no hubiese pronunciado aquellas emocionantes palabras: “Houston, aquí base, el Águila ha alunizado”. 

Pero mucho tiempo antes de Hamilton, otras mujeres programaron y operaron las máquinas perforadoras para producir cálculos. El caso de Ada Byron probablemente es uno de los más conocidos por ser la “primera programadora” de la historia, aun antes de que existiesen los ordenadores, o en el siglo XX Grace Hopper ,creadora del primer software amigable para un ordenador llamado COBOL y la primera en utilizar un término muy familiar para los programadores: el “bug”, son un ejemplo.

La historia está llena de mujeres que, conocidas o desconocidas aún, han sido precursoras o creadoras de tecnologías que forman parte inseparable de nuestro día a día.

Parece imposible hoy orientarnos sin la ayuda del GPS incorporado en el Smartphone o el coche, localizarnos en una red social, usar Google Maps ó los nuevos mapas de realidad aumentada, aún en fase de pruebas. Sin los Sistemas de Posicionamiento geográficos, conocidos por sus siglas en inglés GPS (Global Positioning Systems), sería imposible imaginar muchísimos escenarios, desde Uber hasta Pokémon Go, pero sin Gladys Mae West, nada de esto existiría. 

En las últimas décadas, también la tecnología ha impactado de forma positiva en nuestra experiencia con la lectura. Me emocioné mucho al descubrir que una maestra gallega llamada Ángela Ruiz Robles era considerada la precursora del libro digital o los e-books.

Con la intención de facilitar la enseñanza a los niños de su escuela, esta inventora patentó, en el año 1962, un prototipo que denominó la “enciclopedia mecánica”, aunque la industria no se interesó en la tecnología en aquellos momentos.

Años después, el libro electrónico convive con los formatos de siempre, aportando un nuevo valor sin perder su esencia porque, como dice Emili Teixidor, la lectura es el instrumento que tenemos para progresar, alimentar la imaginación, favorecer la concentración y nos ayuda a mejorar habilidades sociales como la empatía, todo ello de gran valor para la creación y la innovación.

Mientras escribía este artículo con un procesador de textos obviamente, agradecí a otra mujer, Evelyn Berezin, el hecho de crear, en 1968, el primer programa que permitió almacenar y editar textos. También le agradeceré cuando reserve mi próximo viaje de vacaciones, por ser la desarrolladora del primer sistema de reservas de billetes de líneas aéreas del mundo.

Sería imposible mencionar en un artículo a tantas mujeres conocidas, o desconocidas, que han cambiado el mundo con su pasión por el conocimiento, a tantas personas, con independencia del género, que han mejorado nuestras vidas con sus creaciones y descubrimientos, pero sirva esto como un homenaje a todas ellas, incluidas las mujeres trabajadoras, que están a nuestro lado cada día y que en silencio se comprometen con crear un mundo mejor, innovar y aportar valor en sus proyectos.

Es una suerte ver que cada vez más mujeres llegan al mundo de la tecnología porque la tecnología también es cosa de mujeres.

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