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Teleasistencia y autotriaje, claves para frenar el COVID-19

tecnología

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2 de abril de 2020

La crisis del coronavirus estalló el pasado mes de diciembre en China y en poco más de 90 días ha cambiado la vida y los hábitos de cada uno de nosotros, a nivel particular, y a nivel global va a suponer un antes y un después en la historia de la humanidad. Hasta ahora se habían vivido otras pandemias, pero no con esta potentísima capacidad de contagio, alta tasa de mortalidad ni aumento de los casos diarios, que se miden en cifras de tres dígitos.

Muchos países del mundo luchan contra la propagación del virus poniendo en práctica una cuarentena que supone el aislamiento social para evitar cualquier contacto con el mundo exterior y contribuir a frenar el número de casos. La actividad profesional diaria de millones de personas ha cambiado y generado diversas casuísticas: profesionales que no pueden continuar con su actividad, aquellos que pueden trabajar desde sus casas gracias a los sistemas remotos de teletrabajo y otros que por las actividades que desempeñan, consideradas esenciales para el funcionamiento del sistema productivo, no permanecen confinados. 

Sin embargo hay colectivos profesionales que no solo no están aislados sino que siguen trabajando día y noche para ganar la batalla, los profesionales del sector sanitario: médicos, enfermeras, farmacéuticos, matronas, psicólogos, fisioterapeutas, etc. Son los que desde los medios de comunicación y desde nuestras realidades particulares hemos bautizado como héroes, que están dedicados en cuerpo y alma a combatir la pandemia y que como consecuencia están más desprotegidos y expuestos al contagio. Y es en este punto donde somos conscientes de que la tecnología se convierte una vez más en herramienta clave, en este caso para luchar contra el COVID-19, porque a través de asistencia médica remota, la tele-consulta y  el autotriaje, en un escenario donde el 80% de los pacientes no necesita tratamiento en un hospital, ayudamos a que la curva de número de contagios empiece a aplanar.

El objetivo es doble, por un lado se persigue que los enfermos puedan ser tratados en sus hogares, de forma remota y protegiendo su seguridad, y al mismo tiempo trabajar en reducir la presión asistencial del sistema sanitario y reducir también el número de pacientes que llegan al hospital en estado crítico y necesitan atención en las áreas más colapsadas del sistema, como las UCIs. Otra vital consecuencia de la aplicación de estos sistemas de autotriaje es maximizar el número de profesionales de la salud que pueden trabajar alrededor de la pandemia.

Plataformas auto-triaje y teleconsulta

El coronavirus no afecta a todos los pacientes de la misma manera; además de ser más letal en los mayores de 65 años, hay un gran número de personas contagiadas con sintomatologías leves o asintomáticas que continúan haciendo vida normal propagando la epidemia sin ser conscientes de ello. 

Debido a la necesidad de personal en los hospitales en muchas ciudades y países del mundo se están cerrando centros de especialidades y trasladando a sus profesionales a los nuevos e improvisados hospitales de campaña o como refuerzo a hospitales de referencia. Esta reubicación provoca que pacientes con patologías crónicas previas a la pandemia, que normalmente realizan sus seguimientos en estos centros, se estén quedando desatendidos o se vean obligados a acudir a hospitales que ya están saturados, con el consiguiente riesgo de infección.

A través de las  plataformas de tele-consulta las organizaciones de salud  podrían gestionar el proceso completo de atención de pacientes con sintomatología leve o moderada, desde la identificación temprana hasta el seguimiento remoto de su salud y otras necesidades que puedan tener según su condición;  cuanto antes se detecte un posible contagiado y se le haga un seguimiento clínico continuado, más fácil será que no llegue a un estado crítico.

En estas plataformas se ponen a disposición de la población formularios de auto-triaje para que todas las personas reciban recomendaciones de la organización en base a sus síntomas e incluso se incluyan de forma automática en procesos de seguimiento remoto.

En el caso de personas mayores o con menor nivel tecnológico se pueden realizar Triage asistidos por tele-operadores de forma que se llegue a la mayor población posible. 

El seguimiento clínico se puede complementar también con sesiones de seguimiento remoto con trabajadores sociales, psicólogos y otro tipo de profesionales para el acompañamiento completo de los diferentes grupos de pacientes.

Los pacientes con patologías crónicas previas a la pandemia y que no han sido contagiados también pueden hacer uso de estas plataformas para continuar teniendo un seguimiento clínico de su patología sin tener que ir a un hospital y evitando así riesgo de contagios.

Al no ser necesario que paciente y profesional compartan un espacio físico podemos maximizar las capacidades de atención de la organización con otros grupos de profesionales como médicos de otras comunidades autónomas, profesionales jubilados, e incluso profesionales sanitarios que se hayan infectado pero puedan seguir asistiendo a pacientes desde sus domicilios al tener sintomatologías leves.

Otro punto importante es que estas plataformas sean capaces de recopilar y explotar toda la información generada para permitir a las organizaciones conocer en tiempo real como se está comportando la pandemia y si están correctamente dimensionados los recursos de salud para hacerle frente. Cuando todo esto acabe, y una vez que hayamos sido capaces de combatir la pandemia, las organizaciones contarán con una primera infraestructura de tele-capacidades sobre la que evolucionar; ¿El objetivo? Mejor las capacidades de la organización en condiciones normales y por supuesto estar mejor preparados para otras posibles crisis.

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