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Vocación y tecnología al servicio de la seguridad nacional

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19 de junio de 2020

“Detenga el vehículo por favor. Buenos días, ¿sabe usted por qué le he parado?, ¿me enseña su documentación?” Es posible que estas palabras, u otras parecidas, suenen en nuestra cabeza cada vez que hacemos mención a la policía. Es un automatismo humano y natural, un recuerdo (normalmente no muy bueno), que en algunos casos nos crea un estereotipo preconcebido alrededor de la figura de un guardia o de un policía: aquella persona que nos reprende o amonesta porque hemos hecho algo mal, estemos o no de acuerdo con ello.

En este contexto en el que frenar la expansión del COVID19 ha sido la prioridad en las últimas semanas, a las fuerzas de seguridad les ha "tocado” velar por las restricciones en movilidad para el control de la propagación del virus para garantizar la prestación de servicios sanitarios o controlar las distancia social de las personas y así proteger a las personas del riesgo de contagio. De algún modo, podríamos llegar a pensar que esta nueva labor de control y contención ahondaría más en la imagen “negativa” que en ocasiones podemos tener de guardias y policías.

Pero, afortunadamente no. Si algo nos ha traído de nuevo esta situación ha sido la de ver cómo estos guardias y policías, a través de sus actuaciones diarias, forman una pieza clave de esa cadena de valor y servicio que trata de sostener la sociedad en la que vivimos de los zarandeos que el coronavirus está provocando. 

Gestos humanos como ayudar a ancianos en la calle o felicitar a niños por la ventana no son sino una parte de su labor como servicio público, que en este caso cuenta con la difusión en medios. Pero también trabajan en ámbitos tan críticos como la protección de esos menores, la lucha contra la violencia machista, el tráfico de personas… Se trata de otros ámbitos de la seguridad donde entran en juego aspectos tecnológicos además de humanos, y donde las nuevas capacidades en materia tecnológica como el bigdata y el tratamiento analítico de datos juegan un papel clave.

Existen muchos factores que están impactando directamente en cómo se realiza la labor policial hoy en día: la tendencia en cuanto a las restricciones de presupuestos públicos que han impactado notablemente en las capacidades con las que cuentan nuestras FFCCSE unido a la creciente demanda por parte de los ciudadanos por más atención, cercanía y nuevos servicios, hacen que pueda peligrar la prestación de un servicio tan vital como la seguridad de las personas y de un país.

El reto aquí está en que seamos capaces de transformar las instituciones y su operativa, para adaptarla a la nueva realidad del Servicio de Seguridad Pública en un contexto político, económico y social que ha cambiado y lo seguirá haciendo:

•    En esta nueva realidad, surgen nuevos tipos de delitos habilitados por la existencia de un mundo virtual / digital del cual los delincuentes hacen uso, que evoluciona a un ritmo vertiginoso y donde no existe experiencia acumulada, unido además a las nuevas capacidades de movilidad, permite que los delincuentes sigan nuevos patrones de comportamiento, consiguiendo deslocalizar y sobrepasar geografías, fronteras y estados. Ante estas nuevas amenazas, se hace imprescindible equilibrar la balanza, y que nuestros guardias y policías puedan contar con herramientas para mantenerse “conectados” y con la información disponible en tiempo (real) y forma que se necesite, evolucionando hacia un puesto de trabajo digital y móvil. El mundo digital exige también un nuevo concepto de patrullaje virtual. 

•    En esta nueva realidad, se exige hacer más con menos: Es clave pues enfocar el modelo estratégico de las FFCCSE hacia una operativa basada en una “eficiencia inteligente”: Eficiente mediante la simplificación y la automatización de la operativa que consiga una reducción de cargas y eliminación de tareas repetitivas sin valor, o mediante la optimizando la distribución de recursos en función de esa nueva demanda. Inteligente pasando de un enfoque reactivo hacia otro basado en modelos de prevención, anticipación y predictibilidad gracias en analítica avanzada del dato.

•    En esta nueva realidad, los ciudadanos intervienen, actúan y se empoderan: transparencia, proximidad, agilidad, personalización vs privacidad, “¿qué hay de lo mío?”, etc. son requisitos comunes demandados por los ciudadanos en cualquier servicio que preste un país, incluido la seguridad pública. Se hace clave contar con el diseño de la experiencia en nuevos servicios en nuevos canales digitales que habiliten una policía de cercanía.

•    En esta nueva realidad, hay que ser conscientes de que no es posible tener un servicio público de calidad si no se cuida a las personas que lo prestan. Por ello, se hace imprescindible crear una cultura organizativa de confianza y bienestar laboral. Hay que apostar por entornos ágiles e innovadores de trabajo y colaboración. Es clave que los agentes puedan contar con los recursos y tecnología necesaria a su alcance, accesibilidad de la información, además de formación continua que fomente una cultura del cambio. En definitiva, estas acciones conseguirán que la prestación de un servicio público como la Seguridad sea atractivo y atraiga a los mejores profesionales.

Esta nueva realidad exige pues una transformación que va más allá de la propia digitalización tecnológica, sino que también implica un progresivo cambio cultural y de procesos en la organización, manteniendo los valores fundamentales de las FFCCSE y protegiendo la misión por la que han sido creados, y que la sociedad no siempre es capaz de reconocer.

En everis tenemos la oportunidad de poder colaborar en esa transformación de los servicios de seguridad pública de España, hacer cosas que importen y que tengan su reflejo en la sociedad, partiendo del entendimiento de los retos a los que se enfrentan y aportando soluciones y tecnología de vanguardia a disposición de los grandes profesionales a cargo de la seguridad nacional, de manera que el papel de nuestros policías y nuestros guardias en el día a día continúe siendo efectivo y valioso, y que así sea reconocido sin esperar a que una pandemia mundial sea quién nos haga reflexionar.

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