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Neutralidad de red: bienvenidos a Legoland

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15 de febrero de 2011

Ole Kirk Christiansen, carpintero danés, nunca imaginó que de su taller nacería una de las compañías de juguetes más relevantes a nivel mundial. Su aportación, desarrollar bloques de plástico que podían ser trabados entre sí, conectando las caras superior e inferior de dos bloques.

El polémico debate de la neutralidad de red vuelve con fuerza reavivado por los máximos dirigentes de algunas de las principales compañías mundiales de telecomunicaciones. Coincidencia o no, también hemos asistido estos días a declaraciones por parte de las administraciones, relativas a la necesidad de entender un contexto regulatorio europeo que contemple la aparición de otros agentes del sector, en particular las empresas de Internet.

Por supuesto, todas las miradas apuntan a Google, sinónimo de nuevos modelos de negocio en la red, que defiende su espíritu inversor y su contribución al crecimiento de servicios de comunicaciones, transmitiendo a su vez un mensaje de futuro prometedor para todos. Pero reforzando la estrategia que tan buenos frutos ha dado, basada en controlar la experiencia de usuario, a través de una creciente cobertura de eslabones de la cadena de valor, desde las aplicaciones hasta los terminales. Una oferta siempre atractiva cuyo éxito, como el de otras empresas de Internet, pasa inexorablemente por la utilización de redes desplegadas por las operadoras a través de cuantiosas inversiones.

Volvamos a Lego. Una de las características esenciales de sus “ladrillos” es que son, ante todo, parte de un sistema, como lo son los eslabones de esa cadena de valor. Parece evidente que los modelos tradicionales que han gobernado el sector en el pasado reciente han de transformarse irremediablemente y adaptarse al nuevo escenario. En un negocio que evoluciona a un ritmo frenético, operadoras de telecomunicaciones y otras compañías del ecosistema están condenados a entenderse como parte de ese sistema, definiendo y desempeñando nuevos roles, que redunden en beneficios para todas las partes.

Cada nueva serie de piezas Lego lanzado es totalmente compatible con el resto del sistema; y Apple ha sabido entenderlo, pero permitiéndole a su vez romper moldes con su innovador modelo de negocio para el lanzamiento del dispositivo más respetado, y gracias al cual las operadoras comparten parte de un pastel del que tradicionalmente sólo ellas disfrutaban. Un pastel que a su vez ha crecido gracias al incremento del consumo de comunicaciones derivado de las nuevas y atractivas experiencias que ofrece el terminal y su universo de aplicaciones.

Parece evidente que el lego del hipersector ha cambiado. El protagonismo de las operadoras, que tenían el grueso de las piezas estructurales en forma de redes de comunicación, ha perdido peso a favor de otras empresas que, apoyándose en dichas redes, han perfeccionado sus piezas, haciéndolas sumamente atractivas para el consumidor. Algunas de estas empresas también han empezado a ofrecer otro tipo de piezas que les permiten aproximarse cada vez más al cliente final, compitiendo en terrenos tradicionalmente fuera de su ámbito.

Pero del mismo modo que al ser unidas, las piezas Lego deben poseer el nivel de agarre adecuado para dar estabilidad, y simultáneamente deben ser fáciles de ser separadas para crear algo nuevo, también será necesario replantearse el papel de cada actor y las posibilidades de integrar sus capacidades, intentando que todos aquellos que realmente aporten, saquen partido. La realidad última es que el mercado comprará más piezas Lego cuanto más atractiva sea la experiencia que ofrecen sus juegos. Y para ello es fundamental entender las nuevas reglas y saber utilizar y combinar estas piezas.

La calidad Lego es tal que piezas fabricadas 30 años atrás continúan siendo totalmente interconectables. Uno de tantos retos que en el ámbito de las redes no es sencillo resolver, pero que ha de proporcionar nuevas oportunidades a todos los agentes de este entramado. El éxito de las empresas de Internet está inevitablemente condicionado a un alineamiento adecuado de su oferta de servicios con las capacidades proporcionadas por las operadoras a través de sus redes. Por su parte, las operadoras de telecomunicaciones deben entender el nuevo contexto y, apoyadas por un marco regulatorio adecuado, tener argumentos suficientes para invertir y seguir siendo el motor del sector sin renunciar a sus beneficios. Algunas de las palancas ya accionadas o presentes en la agenda de estas compañías, como la apertura de sus redes a terceros para el desarrollo de nuevas aplicaciones y modelos de negocio, deberían marcar el camino, del mismo modo que la compañía que nos ha brindado una infancia creativa dio un paso más e incorporó el concepto Lego Design by me.

Al fin y al cabo, las redes son las piezas angulares que necesitan cualquier lego. Unas piezas cuya inteligencia se debe potenciar para poder acoplar otras de valor que permitan mantener el protagonismo de las operadoras en este apasionante ecosistema.

Por cierto, el nombre de Lego fue adoptado por la compañía en 1934, a partir de la frase leg godt, que significa “juega bien”. Bienvenidos a Legoland.

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